El 12 de junio de 2009, la comunicación oficial de que Mahmud Ahmadinejad se había impuesto en las elecciones presidenciales por el 63% de los votos, obteniendo un segundo mandato, causó estupor e indignación en Irán. El candidato opositor, Mir Hossein Moussavi, denunció el fraude y se proclamó vencedor. Miles de iraníes se volcaron a las calles para defender su voto.
El balance fue sangriento: 70 muertos. La víctima más emblemática fue Neda Soltani, una joven de 27 años, que recibió un tiro en el pecho. Su agonía fue filmada por un manifestante. Las imágenes dieron la vuelta al mundo y convirtieron a Neda en el símbolo de la resistencia democrática iraní.
En el marco de las protestas y durante las semanas inmediatamente posteriores, miles de personas fueron arrestadas: políticos, periodistas, defensores de los derechos humanos, estudiantes… Varios centenares de activistas permanecen detenidos aún hoy y algunos han sido condenados a duras penas de prisión.
Eso no le impidió a Ajmadinejad afirmar, hace poco, que en Irán “nadie es arrestado por manifestar”.
En los últimos años, el poder iraní se ha militarizado más y más y ha crecido la influencia de los Guardianes de la Revolución y los servicios secretos en el aparato del Estado.
El sitio web InsideIran.org, donde se expresan opositores al régimen, denuncia que toda persona que critique públicamente la política nuclear de Ajmadinejad corre el riesgo de ser encarcelada.
En este primer aniversario de los comicios de 2009, la oposición ni siquiera fue autorizada a manifestar pacíficamente y en silencio “sin declaraciones ni discursos”, tal como lo solicitaron dos semanas antes.
Un informe reciente de Amnistía Internacional (AI) sostiene que en Irán hubo una intensificación de la represión. Las mismas autoridades reconocieron haber arrestado a 5.000 personas en las semanas posteriores a la elección. Pero AI estima que la cifra es mucho mayor.
Allanamientos y arrestos ilegales practicados por agentes de civil, incomunicación de los detenidos, malos tratos y hasta tortura son algunos de las violaciones a los derechos humanos que AI denuncia en Irán.
La ONG calcula además que, en el transcurso del año 2009, hubo unas 388 ejecuciones. Varias personas fueron condenadas a muerte en procesos “ejemplares” luego de la reelección fraudulenta de junio pasado.
Un resultado del fraude en la reelección del presidente iraní fue el surgimiento de un amplio movimiento opositor en el que convergen líderes civiles y religiosos, unidos por demandas tan básicas como el derecho a la libre expresión y a una vida digna. Esa corriente, conocida como Movimiento Verde y liderada por Mir Hossein Moussavi, candidato presidencial opositor, se ha manifestado siempre en forma pacífica, lo que no evitó que el régimen respondiera sistemáticamente con violencia.
Ezzatollah Sahabi, líder del movimiento nacionalista religioso Melli Mazhabi, que pasó más de 15 años en las cárceles del Sha y luego en las del régimen de los ayatolás, hizo un interesante balance de la gestión de Ajmadinejad en una entrevista con el diario Le Monde: “Bajo pretexto de luchar contra ‘la intervención del extranjero’ este régimen practica la arbitrariedad y pisotea todo valor ético o nacional; pese a todo su potencial, Irán se ha convertido en el Estado más atrasado, aislado y humillado de Medio Oriente y de Asia, al mismo nivel que Corea del Norte”.

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